soltar

¿Has sentido que tu mundo se desmorona cuando todo lo que creías estable, de repente, desaparece?
¿Te preguntaste alguna vez si eso que no quieres dejar ir es algo que te mantiene estancado?
Quizá ya sea hora entonces de abrir la mano, y soltar.

Hace unas semanas alguien, muy sabiamente, me dijo “Cuando las cosas están dentro del plan de Dios para tu vida, se dan de manera natural, no tienes que forzar nada” y fue así, como de a poco me empecé a dar cuenta de que tenía que empezar a abrir mi mano…

A veces no importa cuánto nos digan lo errado que puede estar un pensamiento, porque aun cuando en nuestro interior sepamos que tienen razón, queremos aferrarnos a esa idea para que nuestro mundo interno no se desmorone, es lo único que nos mantiene a flote.

  • No queremos soltar una “esperanza” de que algo pase con esa persona, porque el hacerlo implica que nuestras emociones se hundan, una vez más. Lo que creíamos que podía llegar a funcionar, en realidad nunca existió.

  • No queremos soltar la ofensa, porque el hecho de sentirnos heridos nos posiciona de manera distinta frente a la otra persona, la victimización es una postura que a la larga nos llena de un orgullo que lo único que logra es frena del propósito de Dios para nuestra vida.

  • No queremos soltar ese fracaso que nos mantiene atados al pasado, y que cada vez que viene a la mente la pregunta siempre es la misma ¿Por qué lo hice?, como si fuese algo que pudiéramos resolver, en una vida que tratamos por todos los medios de que se vea perfecta, cuando en realidad el mayor fracaso es pretender que así lo sea.

  • No queremos soltar esos malos hábitos (a buen entendedor…) que nos hunden una y otra vez, y no se trata de poder, porque la vida es una toma de decisiones constante. Creyendo que convivir con eso, con el tiempo, será algo “normal” y lo único que hará es consumirnos por dentro hasta que estalle en el momento menos pensado.

  • No queremos soltar “nuestra manera de hacer las cosas”, creyendo que nuestra vida puede ser mejor a nuestro modo… Como si Dios no conociera el final de nuestros días.

Soltar es un acto de valentía, porque aferrados a nuestra ilusión, dolor, fracaso, malas hábitos y nuestra manera de hacer las cosas no existen riesgos, todo está bajo “control”

El desafío diario de depender de Dios es dejar que el marque el camino que debemos seguir, como prometió que lo haría.

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos.” Salmos 32:8

Soltar la ilusión para aferrarse a la promesa
Soltar el dolor para recibir libertad
Soltar el fracaso para entender que su gracia se fortalece en nuestra debilidad
Soltar los malos hábitos para que ese tiempo se convierta en algo que nos haga bien
Soltar el “control remoto” para que sus sueños se cumplan en nosotros.

Soltar

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