Ídolos

Es increíble pensar que aun en la actualidad después de leer tanto y tener el conocimiento necesario para evitarlo, seguimos construyendo ídolos en nuestra vida que están quitando el lugar merecido a Dios.

Un ídolo es una persona o cosa excesivamente amada o admirada que roba el lugar que le tendría que pertenecer a Dios.

Y es que cuando hablamos de ídolos no solo se tiene que pensar en figuras de piedra, madera u otro material, aunque la Biblia es clara y Dios aun lo es mas en decir sobre esa clase de ídolos: “Reúnanse y acérquense. Hay gente ignorante que carga ídolos de madera y ora a dioses que no pueden salvar. Esa gente no entiende nada” Isaías 45 (Traducción en lenguaje actual).

Definitivamente y viéndolo desde el punto que lo queramos ver, los ídolos hechos por manos humanas jamás, léelo bien, jamás serán avalados por Dios: “Dios mío, ¡tú vives para siempre! Tú defiendes a tu pueblo y le tienes compasión. Los dioses de otros pueblos son hechura humana; ¡son ídolos de oro y plata! De nada les sirve tener boca, porque no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver; tienen orejas, pero no pueden oír; ¡ni siquiera pueden respirar! ¡Pues iguales a esos ídolos son quienes los hacen y quienes creen en ellos!” Salmos 135:13-18 (Traducción en lenguaje actual).

Para terminar este punto y dejarlo claro, Dios mismo ordeno lo siguiente: “No hagan ídolos ni imágenes de nada que esté en el cielo, en la tierra o en lo profundo del mar” Éxodo 20:4 (Traducción en lenguaje actual).

Ahora bien, para ser un idolatra no se necesita adorar, venerar o como le quieras llamar a una imagen o objeto, no, basta con que exista algo en tu vida que le quite el lugar de privilegio a Dios.

Como seguidores de Dios y por el amor que decimos profesar a Él, debemos siempre tener como prioridad a Dios en nuestra vida, y cuando me refiero a esto me refiero al hecho de que Él sea el Centro de nuestra vida, que vivamos cada día con la única intención de agradarlo en todo lo que hacemos.

Lastimosamente aun hoy en día, tendemos a desviarnos de ese propósito, sin darnos cuenta poco a poco vamos construyendo ídolos que luego se convierte en lo primordial en nuestra vida.

Quizá te cueste aceptarlo o quizá te sea difícil reconocerlo, pero muchas veces hay personas, pasatiempos, trabajos o privilegios que se convierte en un ídolo que consiente o inconscientemente adoramos y que se convierten en lo primero en nuestra vida.

Es triste, pero es una verdad irrefutable, ¿Cuántas veces has preferido tu deporte favorito antes que estar con Dios?, ¿Cuántas veces te preocupas mas por lo que le pase a esa persona que tanto amas, antes que buscar la ayuda y protección de Dios?, ¿Cuántas veces tu novio o tu novia se convierte en la prioridad número uno en tu vida?, ¿Cuántas veces tu esposo o esposa le quitan el primero lugar a Dios en tu vida?, ¿Cuántas veces nuestros hijos llegan a ser lo que más amamos en este mundo olvidándonos que Dios es quien nos los presto?

Cuando algo se convierte en un ídolo en nuestra vida, es decir: cuando algo se convierte en lo primordial en nuestra vida, quitándole de esta forma el lugar que Dios se tiene merecido, entonces eso se convierte en UN PROBLEMA ENORME, porque Dios no comparte lugar alguno con nada ni nadie, Él tiene que tener un lugar privilegiado en nuestra vida.

Al escribir sobre esto se me viene a la mente la historia tan conocida de Abraham e Isaac, siendo Abraham de avanzada edad, Dios cumple su promesa dándole el hijo tan deseado por él y su esposa Sara, aun en su vejez Dios decide hacer un milagro y prestarles la vida de su primer y único hijo de esta pareja de la que la Biblia habla.

Abraham sin darse cuenta convirtió a Isaac en su ídolo, es decir en lo primordial en su vida, la pregunta es: ¿Está mal amar en sobremanera a nuestros hijos?, de ninguna forma, lo malo es olvidarnos de aquel quien fue quien nos dio esa bendición, lo incorrecto es quitar a Dios de su lugar de privilegio y colocar a alguien más.

Al ver esto Dios decide pedirle a su hijo para un sacrificio, me imagino que eso fue un duro golpe para Abraham, pero a la vez una lección que jamás iba a olvidar, en pocas palabras: Dios quería que recapacitara, que reflexionara, pero sobre todo, que volviera a Dios al lugar del cual nunca tuvo que haber salido.

Cuándo nosotros decidimos convertir a una persona o cualquier cosa en nuestro ídolo, Dios aparecerá para demandarnos el lugar que a Él le corresponde, pero también dependerá de nosotros el ser sensibles a su voz y obedientes a su voluntad.

¿Qué ídolos hay en tu vida?, ¿Tú novio, tú novia, tú esposo o esposa, tus hijos, tu pasatiempo, el deporte, tú trabajo, tus amigos, algún objeto o amuleto? ¿Cuántos ídolos hay en tu vida?

A veces nos quejas porque no prosperamos, porque no vemos los resultados que en nuestra vida quisiéramos; nos quejamos por todo y de todo sin darnos cuenta que quizá hemos quitado a Dios del lugar del cual nunca tuvo que ser removido y por tal razón será obvio que las cosas no nos saldrán como quisiéramos.

Es hora de recapacitar, es hora de reflexionar muy bien y examinar detenidamente nuestra vida y todo lo que a ella rodea, para detectar si hay ídolos que consciente o inconscientemente hemos creado y que se han convertido en la opción numero uno de nuestra vida.

Si al examinar muy bien detectas que hay cosas primordiales en tu vida antes que tu relación personal con Dios, entonces: ¿Qué esperas?, ¡Ve y devuelve a Dios al lugar que le corresponde!

“Isaías dijo: «Ahora es el momento oportuno: ¡busquen a Dios!; ¡llámenlo ahora que está cerca! Arrepiéntanse, porque Dios está siempre dispuesto a perdonar; él tiene compasión de ustedes. »Que cambien los malvados su manera de pensar, y que dejen su mala conducta»”. 

Isaías 55:6-7 (Traducción en lenguaje actual)

No hay nada mejor que ser sinceros con Dios y con nosotros mismos, reconocer los errores es de campeones, y tratar de enmendarlos es de hijos de Dios, por tal razón sincerémonos delante de Dios y devolvamos al Señor el lugar que siempre le tiene que pertenecer y busquémoslo de corazón porque seguramente lo hallaremos.

Derribemos todo ídolo que se ha levantado en nuestra vida y que el único Dios verdadero sea quien gobierne nuestros corazones.

¡Dios no comparte su lugar en nuestra vida, Él tiene que ser lo primordial en nosotros!

“Vuelve la mirada al Todopoderoso; apréndete de memoria sus enseñanzas, y él te devolverá la felicidad”. 

Ídolos

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