El hará camino

“Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.”(Fil. 4:6-7).

El  Señor no quiere que nosotros poseamos simplemente una paz generalizada, basada en no tener un problema en particular; ni es Su plan darnos una leve paz espiritual y mundana. Si seguimos la secuencia de obediencia que El presenta, Su intención es abrigarnos en Su propia paz: la imperturbable paz de Dios.

La paz de Dios es la profunda calma que envuelve el proceso de pensamiento del Omnipotente. El nunca está ansioso, siempre a cargo, nunca sin una solución. El ve el final desde el principio y ve las necesidades del hombre desde un lugar de recursos y capacidades ilimitadas. El percibe las necesidades de Sus hijos con ambas, compasión y confianza, porque todas las cosas son posibles para El.

La paz que El da no solamente proviene de Él, es una extensión de El- es la sustancia misma de Su paz. Es la paz de Dios. Es ese manto divino que El dice “guardara {nuestros] corazones y…mentes en Cristo Jesús.”

Increíble.

Dele una oportunidad a la paz
Puede que algunos desafíen mi interpretación, mas recuerde la promesa del Salvador: “Les doy la paz. Pero no una paz como la que se desea en el mundo; lo que les doy es mi propia paz. No se preocupen ni tengan miedo…” (Juan 14:27).

Nuevamente, Pablo dice, “Ustedes fueron llamados a formar un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Dejen que la paz de Cristo gobierne sus corazones, y sean agradecidos” (Col 3:15).

Estas Escrituras y otras revelan que existe un lugar de refugio para nosotros, una dimensión custodiada por la misma paz de Dios, donde podemos permanecer. Al entrar en este reino de confianza, el Dios de la paz promete aplastar a Satanás bajo nuestros pies (Romanos 16:20).

Por supuesto, nosotros debemos decidir que dimensión va a presidir  sobre nosotros. Así, la Escritura dice, “Dejen que la paz de Cristo reine, “y “No se preocupen ni tengan miedo,” y “oren y pidan a Dios todo lo que necesitan.” Las palabras y verbos hablan de elecciones que podemos hacer respecto a las realidades a nuestro alrededor. Recuerde, aun mientras las circunstancias comiencen a turbar su corazón, puede usted alejarse del miedo. Porque la paz de Dios está al alcance también. Tome autoridad sobre su preocupación, y actitud, porque ella “conduce solamente al mal” (Salmo 37:8).  En cambio, párese en fe sobre las promesas de Dios.

Vea usted, estamos en guerra y debemos prepararnos para la batalla. Debemos ver a la paz como nuestro escudo y la Palabra de Dios nuestra arma. Por tanto, lleve cautivo todo negativo e incrédulo pensamiento que podría magnificar los problemas antes de magnificar al Señor. Nuestro Padre sabe lo que necesitamos antes de que le pidamos (Mateo 6:8).

Por último, ¡debemos dejar de intentar y conocer que El es Dios (Salmo 46:10)! Si está cansado, venga a Él y tome Su yugo. Encontrara descanso para su alma (Mateo 11:28-29).

Por tanto, echemos nuestras ansiedades sobre el Señor, porque ciertamente El tiene cuidado de nosotros. Y para todos aquellos luchando con ansiedad;  El hará un camino.



El hará camino

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