PUREZA DE CORAZÓN

La percepción espiritual tiene su fundamento en la pureza de corazón. Lo que vemos en la vida, y la manera en que lo vemos, depende de lo que hay en el campo de nuestra manera de pensar interior. Para tener una visión abierta y clara en relación con el reino de Dios, es absolutamente esencial tener un corazón puro.

Ante al trono de Dios
En el libro de Apocalipsis hay una maravilla: “Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás” (Apocalipsis 4: 6-8). Nuestro propósito aquí no es enfrascarnos en especulaciones sobre estos cuatro seres. Nuestra meta es adquirir esa pureza de corazón que resulta de vivir consciente de la presencia de Dios. Procuramos tener la visión amplia y abierta que se manifiesta ante su trono.

Aunque estos “seres vivientes” pueden representar muchas cosas, una cosa es cierta: Juan no estaba teniendo una pesadilla de una visión de bestias con seis alas y con docenas de ojos cubriendo sus cuerpos. Lo que vió fue algo simbólico o representativo de una verdad más profunda. Los muchos “ojos” representan la visión amplia e incluyente que trae como resultado el estar en la presencia de Dios.

Que se sepa bien esto: donde está el Señor, está también su trono. Si usted tuvo un encuentro con el Señor es porque su espíritu está ante su trono. Cuando usted nació de nuevo espiritualmente, nació de arriba (Juan 3: 3 – Versión Amplificada). En este mismo momento, por la obra del Espíritu Santo, su espíritu está “sentado” con Cristo en su trono en lugares celestiales (Efesios 2: 6) Donde está la presencia de Dios hay también una visión amplia y clara.

Estos “seres vivientes” son símbolos de la vida que uno encuentra al habitar en la presencia del Señor. Estando en El, nuestros ojos pueden pensar: pueden ver con discernimiento y entendimiento. La mente de Cristo se fusiona con nuestra visión revelando lo que era imposible ver debido a la estrechez de nuestra percepción; entonces vemos “de frente y hacia atrás.” Nuestra visión también se enfoca “desde el centro del trono.” No solamente vemos las realidades espirituales distantes, sino que estamos lo suficientemente cerca para escudriñar las profundidades de Dios mismo (I Corintios 2: 10).

También el estar cerca de Dios nos da “visión interior”, ojos que monitorean los motivos que guían al yo; visión interna que nos mantiene en guardia contra el pecado. Mientras más se amplía nuestra visión, mejor vemos a Dios en su santidad. El pecado más pequeño en nuestras vidas llega a ser significativo, y somos animados a vivir puros delante de Él.

Los cuatro seres vivientes delante del trono de Dios no cesan de decir: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 4: 8). Día y noche, Dios es santo. Cuando nuestros ojos espirituales se abren, lo que nuestras bocas expresan es “santo, santo, santo.”

PUREZA DE CORAZÓN

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